Cabalmente

Alfonso Ussía: rabia y lamento desde la España invertebrada

Escrito por . Publicado en Personas hace 8 años.
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«Don Ildefonso María Ciriaco Ussía Muñoz-Seca, más conocido como Alfonso Ussía (Madrid, 1948), es un destacado periodista, columnista y escritor español de ideología conservadora». Para estas cosas está wikipedia, aunque él no la haya leído nunca, porque internet está para los demás. Tremendo placer sentarse ante este gran señor de las letras. A fe que lo he podido experimentar con motivo de su reciente visita a Sevilla parapromocionar la décima entrega de la saga del Marqués de Sotoancho, El diario de mamá. La entrevista se realizó a final de noviembre en los salones del Hotel Inglaterra para ser recogida en una de nuestras publicaciones hispalenses, pero como en sus páginas sale ciertamente mutilada dejo en esta bitácora la transcripción absolutamente literal de cuanto registró Don Alfonso ante la grabadora de este humilde periodista y la talentosa cámara fotográfica del gran Paco Alorda.

–Señor Ussía, ¿cómo se encuentra usted ‘físicamente y moralmente’, como dice el universal Chiquito?
–Físicamente cansado y moralmente harto. Lo de escribir una columna diaria es una tortura. La gente se cree que es todo consecuencia del oficio y de la costumbre, y no es así. Aparte de eso sigo escribiendo mis libros, doy mis conferencias, tengo estos viajes de firmas y entrevistas… La verdad es que yo empiezo a estar un poquito cansado. Me encantaría llamarme Pepe Pérez y poder vivir tranquilamente en una capital de provincia.
–¿No echaría de menos el ajetreo diario de la redacción del periódico o la emisora de radio?
–Yo soy autónomo, puedo enviar los textos desde casa. En verano paso dos meses en un pueblecito de Cantabria que se llama Ruiloba, muy cerca de Comillas, y allí es donde soy realmente feliz. Cuando me enfrento otra vez a la realidad de Madrid me produce, no ya una depresión, pero sí una desazón. Yo viviría muy contento en un pueblo. Para mí la vida perfecta sería estar seis meses en El Puerto de Santa María y seis meses en Ruiloba. Yo envidio mucho a los que viven aquí en Sevilla. Sevilla es de las ciudades más prodigiosas de España, quizá junto a Salamanca. Pero Sevilla se está convirtiendo ya en una ciudad muy grande. En cambio, El Puerto todavía mantiene su aspecto de pueblo, sobre todo en invierno. Yo no tengo casa en El Puerto, pero tengo abuelo de allí, y voy mucho.

–Le preguntaba antes por su estado personal y profesional. Y como ciudadano de España, ¿cómo se encuentra?
–Pues entre abrumado y aterrorizado. Las dos cosas. Yo no sé cómo una nación tan maravillosa como España parece que no tiene remedio. Es La España invertebrada de Ortega y Gasset, a quien criticaron mucho por aquel libro, pero tenía toda la razón. Cómo es posible que la nación más vieja de Europa, probablemente con Rusia, siga con estas chorradas: los nacionalismos, los separatismos, el terrorismo… Además, nacionalismos y separatismos que son consecuencia de muy poco tiempo, sobre todo el vasco, que es un invento que surge a raíz de las Guerras Carlistas. Que sigamos con estas bobadas… España es una nación carísima, donde hay 19 gobiernos, y cada uno está formado por caciques que lo llenan todo de funcionarios, y los ciudadanos pagamos ese despilfarro. Bueno, bueno, yo no entiendo el problema. Y ahora lo entiendo menos porque los terroríficos gastos públicos de los socialistas en tiempos de crisis nos están llevando a una situación no sólo dramática sino ridícula dentro del marco europeo.

Entrevistando a Don Alfonso en el Hotel Inglaterra. Foto: Paco Alorda

Entrevistando a Don Alfonso en el Hotel Inglaterra. Foto: Paco Alorda

–Hablemos del motivo que justifica estos encuentros con periodistas andaluces: la vida y obra del Marqués de Sotoancho. ¿El señor marqués es un personaje real? ¿Puede serlo? ¿Qué le faltaría para salir caminando?
–Hombre, es tan real que ya lleva diez libros. ¿Qué le faltaría para ser más real? Pues que existiera La Jaralera. Yo lo he colocado aquí, a caballo entre Sevilla y Cádiz. Ya sabes que la línea que divide las provincias pasa por la mitad de la mesa del comedor de la finca, de manera que mientras uno come en Cádiz el otro come en Sevilla. Lo he colocado aquí porque solamente aquí se podría dar una situación como la de Sotoancho. Yo tengo una envidia brutal, malsana, al Marqués de Sotoancho. Es decir, representa todo lo que a mí me gustaría. Sotoancho es un señor que ya no se preocupa de nada más que de su gente y de su campo. Todo lo que vaya más allá de la linde de La Jaralera a Sotoancho ya no le interesa. Sotoancho, que empezó siendo un señorito mimado por una madre ultrafranquista y con una moral cavernícola, se ha ido convirtiendo poco a poco en un héroe que es generoso, que quiere a toda la gente que está con él, que los defiende hasta límites insospechados y que no quiere salir de su paraíso, que es La Jaralera.

–Cuando visita Andalucía para promocionar algún libro de la saga de Sotoancho, ¿ha sentido alguna vez la incomprensión de algún periodista o lector agraviado por la imagen rancia que pueda transmitirse de su tierra? ¿Logran el sarcasmo y la ironía evitar las malas interpretaciones? Porque, aunque miremos hacia otro lado, en Andalucía sigue habiendo sotoanchos, ¿no?
–Sí, ha habido alguien que se ha molestado. Y sí, en Andalucía hay gente así. En realidad hay más madres del marqués de Sotoancho que sotoanchos. Yo planteé, primero, que ese libro necesitaba una belleza de paisaje especial, que eso lo da Andalucía. Luego, yo soy cuarterón, tengo una parte de andaluz. Y además me encanta la narrativa andaluza. Cuando escribo Sotoancho me visto de andaluz. Y luego, señoritos, joder, señoritos los hay vascos, catalanes, madrileños…
–¿De apellidos tan rimbombantes?
–Igual. Pero el personaje no encajaba en esos territorios. Así que pensé que si colocaba a Sotoancho en el lugar donde tenía que estar, que era en Andalucía, iba a haber más comprensión. Y la ha habido. Pero también ha habido personas que se han sentido directamente señaladas. Mira, una buena parte de los defectos de Sotoancho son míos y de algunos de mis amigos, porque siempre hay algo de autobiografía en un personaje. Sotoancho en el fondo es la consecuencia de un puzle en el que estoy yo, muchos amigos míos de aquí y otros amigos que no son de aquí.
–Lo cierto es que hay muchos ciudadanos de este país que se sienten señalados por usted y seguro que jamás han leído a Sotoancho. Sólo hay que teclear su nombre en el google y acceder a algún foro de izquierdas. ¿Por qué hay tanta gente mosqueada con Alfonso Ussía?
–Bueno, yo tengo la suerte de que como no tengo internet…
–Pero Sr. Ussía, ¿usted es consciente de lo que le pueden llegar a odiar colectivos ‘progres’ como los del cine español, por ejemplo?
–Bueno, es que esos no son unos colectivos progres, lo que son es unos sinvergüenzas. Lo puedes escribir tal cual. Estos viven de nosotros. Cuando hay unas personas que de profesión son unos chulos del sistema que viven de los que pagamos impuestos y se les dice, pues es normal que les moleste y te odien. Yo es que no concibo el asunto del cine español. Oye, vivimos en un país libre, vivimos en una economía de mercado y aquí todo tiene que salir de la iniciativa privada. La iniciativa pública está para otras cosas: la sanidad, las obras públicas, etcétera, etcétera. Pero aquí lo que no se puede hacer es negocio de unos cuantos haciendo un producto malo y con el dinero de todos los españoles, que es lo que están haciendo estos golfos. Entonces, como se les dice, pues les molesta. Pero es que hay que decírselo. Es que llevan 25 años haciendo un cine de mierda. Y se están forrando todos ellos. ¡Pero si los españoles no van al cine español! Me parece que es un 0,8 por ciento. ¿Cómo es posible, entonces, que se estén gastando ese dinero en pagar a unos cuantos los servicios de unas pancartas para que no sólo sobrevivan sino que vivan muy bien? ¿Cómo se puede permitir que se llamen ‘progres’ unas personas que defienden un régimen como el cubano? ¿Cómo pueden ser progres unas personas que van a un sitio donde hay 5.000 presos políticos y están viviendo de gorra del gobierno cubano en un hotel de lujo? Estos no son unos progres, son unos sinvergüenzas. Lo que pasa es que se confunden mucho las cosas.
–Por cierto, ¿a usted le gustaría que rotularan una calle en Sevilla con su nombre, como le ha ocurrido a Pilar Bardem?
–Hombre, no. A mí me encantaría que me pusieran una calle en Sevilla a mi nombre si me lo merezco. Pero el caso ese… Yo la pregunta que me hago es la siguiente: ¿pero qué coño ha hecho Pilar Bardem? Pilar Bardem es una actriz de reparto. Es una actriz mala. Es una actriz que no ha desarrollado ninguna cualidad extraordinaria. A mí me dices, por ejemplo, que le ponen una calle en Valladolid a Concha Velasco –con quien no estoy muy de acuerdo– y me parece lógico. Hombre, Concha Velasco ha sido una actriz puntera, de una gran popularidad desde hace muchos años. Pero a Pilar Bardem, que es una secundaria… Esto es política.
–Hablemos de radio. ¿Cree que el último cambio de cromos en las ondas ha dejado descabezada la opción de centro-derecha en la radio española? ¿Cómo es el día a día sin Jiménez Losantos en la FM patria?
–Jiménez Losantos es un hombre cultísimo y tiene todo el derecho a cabrearse de vez en cuando porque tiene un tiro en la rodilla. Sabe que hay una serie de personas de eskerra republicana que estaban en la célula de los que le pegaron el tiro, entonces puede enfadarse. Y tiene un nivel formidable de comunicación, mucho más hablado que escrito, aunque es un buen escritor, un gran profesor de literatura y con una memoria fabulosa. El problema de Federico es el exceso de vehemencia. Y las obsesiones. Todos tenemos obsesiones. Las tiene Federico, Luis del Olmo, Carlos Herrera… Pero las obsesiones de Federico son más vehementes. Bueno, yo lo pasé muy bien durante los dos años que estuve con él. Y creo que va a triunfar en esRadio. Tiene al lado a César Vidal, que es un fuera de serie, un hombre culto y muy sosegado,y a Luis Herrero. La inversión les va a salir rentable. Creo que la Cope se ha equivocado. En la Cope había dos tendencias entre los obispos, unos a favor y otros en contra. Y yo estoy ahora con Carlos Herrera, con quien me siento muy cómodo. Más o menos estoy en el mismo espacio ideológico que él, y tiene un gran sentido del humor. También es una persona sosegada y tranquila. Estuve muy bien con Luis del Olmo, la época del Debate de la Nación… Fui de los primeros en sus tertulias, yo era casi un niño. Pero la época en la que yo realmente fui feliz en la radio fue la fundación de Antena 3. Aquella primera Antena 3 de Manolo Martín Ferrand, con Antonio Herrero, Luis Herrero, Santiago Amón, con un José María García que todavía era humano, José Luis Garci, Carlos Pumares… Cuando no teníamos nada que hacer en casa íbamos a la radio no para hacer nuestro programa, sino para ayudar a los demás. Fueron unos años maravillosos. Aquello se terminó, por desgracia. Ahora, a mí me gusta hacer radio, pero ya desde mi casa.

–El Manual del ecologista coñazo se publicó en 1992. Tal como están las cosas con el cambio climático, ¿sigue vigente ese pensamiento?
–Era unacaricatura, pero fíjate que se adelantó a los acontecimientos. Pues claro que sigue vigente. Además, ahora se acaba de descubrir que dos científicos gurús del cambio climático han reconocido que han mentido en los datos y estadísticas. A mí me da la sensación de que en el fondo el cambio climático es un negocio. Están ganando mucho dinero Al Gore y todos los que se mueven en ese mundillo. Yo creo que no hay una sola persona con dos dedos de frente en este planeta que no sea ecologista. Todos somos ecologistas. Lo que pasa es que el ecologismo no puede ser una profesión. ¿Usted qué es de profesión? Yo soy feminista. No, usted es una pesada, porque el feminismo no es una profesión. No se puede ser fundamentalista de nada. Hay un ecologismo científico que yo respeto y admiro una barbaridad, y hay un ecologismo sandía. Todo esto viene del desmoronamiento del muro. Al caer el muro se demuestra que el comunismo es un sistema fracasado, un sistema que no aporta libertad sino prisión, que no aporta riqueza sino ruina, que no aporta iniciativa sino comodidad, que sólo aporta huida y pesadumbre. Entonces hay mucha gente que se inventa nuevas utopías y fundamentalismos. El fundamentalismo del ecologismo es el que ha tenido más adeptos. Mira, yo conozco un caso tan extremo como el de un señor que me escribió y me mandó toda la documentación de una casa rural que se había comprado en Extremadura y no le dieron el permiso de reforma porque había anidado allí una pareja de mochuelos moteados, y los mochuelos tenían más derecho que los propietarios de la casa. No podían poner la división para el ganado porque había una zona en la que se desenvolvía el sapo partero, y entonces el ganado se iba a tomar por culo. Entonces ese es ecologismo sandía, que esecologismo muy verde por fuera y muy rojo por dentro, y que es consecuencia de la caída del muro.

–Entiendo de sus palabras que usted, felizmente, no tiene más frío ni más calor que antes, ¿no?

–No, no, no, felizmente.

Mientras me dedica El diario de mamá tiene tiempo de aclararme eso de la vehemencia en la radio. «Sí, yo soy partidario de que hay que ser moderado. Pero lo que nos ha convertido en cobardes es el lenguaje políticamente correcto, que está acabando con nuestro propio idioma. Fíjate que ahora no puedes decir coloquialmente eso de ‘hombre, es que estás ciego’. Si lo dices en la radio, automáticamente llama la madre de un invidente. Si dices ‘esto me está poniendo negro’, inmediatamente te llaman racista. Quevedo ya decía lo de ‘estás ciego’. Yo en eso no pienso claudicar. Yo hablo de una manera, que es consecuencia de lo que he hablado y lo que he leído, y a mí no me obligan a hablar políticamente correcto porque no me sale de los huevos. En el cine y en el teatro hay una cosa que se llama reparto. El otro día un cursi de Argentina que se llama Diego Botto en lugar de decir reparto decía ‘elenco actoral’».

 

Texto: Quico Pérez-Ventana | Fotos: Paco Alorda

Ussia

 

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