Cabalmente

Antonio Vega, el concierto llega a la mitad

Escrito por . Publicado en Músicas hace 5 años.
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Hoy, 12 de mayo de 2012, se cumplen tres años de la muerte de Antonio Vega. Precisamente estos días ve la luz un álbum con su firma, Antes de haber nacido, que recoge temas en directo de su última gira. En mi época de periodista rítmico tuve el inmenso honor de entrevistar a este gran artesano de canciones en las tareas de promoción de cada una de sus colecciones en solitario. La de junio de 1993 fue especial. La primera. Frente a frente con el creador. Yo contaba solo 23, él doce más (nos dejó a los 51, medio siglo frenético). En una terraza sevillana. Con toda la tarde por delante. Tras la charla sobre el disco en cuestión le sometí al mismo cuestionario –con leves variaciones– que hice durante años a tantos artistas con suerte desigual. Antonio me dejó hechizado. A tal punto que le pedí que garabateara la carátula de su disco, algo que he solicitado muy pocas veces. La frase que me escribió, la misma que ilustra estas líneas, viaja conmigo desde entonces. Incluso conservé las grabaciones de aquella charla y las que vendrían después. Cintas que nunca escucharé, pero que me acompañarán hasta el final de los días en mi museo bajo llave.

Hoy recuerdo a un artista intimista, de rostro afilado, siempre en evasión, librando eternamente su batalla recóndita. Mientras escribo suena su voz en itunes: Lucha de gigantes, Una décima de segundo, El sitio de mi recreo… La banda sonora de mi juventud. Y pienso en él divisando con los ojos cerrados infinitos campos. Reproduciendo íntegramente aquella entrevista. Nadie como Antonio Vega para dotar de electricidad a la poesía.

 

Antonio Vega y las luces del escenario

Antonio Vega Tallés fija su residencia a cierta distancia de la urbe madrileña para convivir con las musas que le llevan a componer las más hermosas piezas de orfebrería que la música de este país ha engendrado. Tras la disolución de Nacha Pop, Antonio entregó dos colecciones en solitario, No me iré mañana y el recopilatorio de baladas El sitio de mi recreo, trabajo que le trae a Sevilla y por cuyo tema central ha visto aumentar los premios de su vitrina. Un artista de inmensa creatividad listo para extraer su jugo en esta hoy alargada sección.

–¿Quién te crees que eres?
–Un humilde compositor de canciones y escritor de cuentos.
–¿Cómo vive un compositor de canciones y escritor de cuentos en Madrid?
–Un músico puede vivir de muchas formas en Madrid: en los extremos de la popularidad o apartándose de las relaciones públicas constantes. Si quieres entrar en el mundo de la fama, su juego puede ser desbordante, y yo, en particular, vivo de forma tranquila y me mantengo al margen de todo eso.
–¿Por qué pasaste de escuchar música a hacer música?
–Todavía no sé muy bien por qué di ese paso. De un día para otro me vi con una guitarra en la mano y queriendo sacar sonidos de ella. Además, la música significaba mucho en mi vida emocional y en mis ilusiones, y de alguna manera era una forma de realizar mis sueños.
–¿Cómo se te quedó el cuerpo después de componer Chica de ayer?
–La verdad es que pasó inadvertida. La compuse en el año 77 mientras hacía la mili en Valencia, y se quedó ahí, como una cancioncilla más. ¿Cómo me iba yo a imaginar que se iba a convertir en un clásico del pop español? Supongo que el cuerpo se me quedó relajado.
–¿Qué dejaron los estudios de arquitectura en tu vida?
–La arquitectura, aparte de apasionarme como arte creativo, me proporciona una visión muy clara de algo que me gusta mucho, como es la astronomía. Tener una visión arquitectónica te hace entender mucho de lo que pasa por el cosmos.
–¿Qué sientes cuando subes a un escenario?
–Siento unos nervios que no llegan a ser desagradables y, sobre todo, unas ganas enormes de que el concierto vaya por la mitad. Ese es el momento más álgido, una vez que ya has roto el hielo. Tú estás caliente y el público, si se va a entregar, ya lo ha hecho.
–¿En qué lado del negocio musical se vive mejor?
–En el lado del artista. Es una cuestión de carácter. Yo no podría manejarme con soltura en el lado del dinero y del negocio. Intento mantenerme al margen de esas cuestiones, porque no coinciden ni convergen con mi forma de pensar y de hacer.
–¿Qué es una canción de Antonio Vega?
–Probablemente sea una especie de cuadro impresionista que frase a frase construye un ambiente y una filosofía propios. Es como un autorretrato.
–¿Qué te tendría que ocurrir mañana para que fueras el tipo más feliz del mundo?
–Que me dijeran que pasado entro en el estudio para grabar mi segundo elepé, que tengo ahí las canciones esperando una fecha.
–¿Qué dejarás en herencia?
–Espero que sea mi contribución y mi aportación a la historia de la música. Si realmente ha sido una alternativa que ha podido llegar a significar un elemento imprescindible dentro de la música española, yo me sentiría muy orgulloso.
–Hazte publicidad.
–Antonio Vega for president.
–Hazte una crítica.
–A ver si mañana puedo levantarme antes de las 12.

«Soy muy hijo de puta conmigo mismo. Me he mirado muchas veces al espejo y me he insultado. Me he dicho: te partiría la cara si no me tuviera que partir yo antes la mano»

–¿A qué público te gustaría seducir?
–Me gustaría seducir, desde el escenario, por supuesto, a todos los que se pongan ahí delante. Quiero conquistarles e invitarles a volver en otra ocasión.
–¿Qué disco gasta la aguja de tu tocata?
The Nightfly de Donald Fagen.
–¿Cuál es tu verdad oculta?
–Me fumé por primera vez un porro y me bebí una caña con 22 años.
–¿Quién te da de comer?
–El escenario y mis canciones.
–Una receta para curar el mundo.
–La autoestima y un poco de humildad.
–¿Qué es lo mejor y lo peor del pop español?
–Lo mejor es la gracia que puede llegar a tener como movimiento musical y social, lo indicativo que puede ser de las ganas de la gente de hacer cosas. Lo peor es que también es un vehículo para que la gente se trague mucha mierda.
–¿Qué falta por descubrir en el rock?
–Creo que todo lo que queda por descubrir en la vida y en el mundo se puede expresar en un lenguaje rock. Todo lo que el ser humano descubra en cualquier campo puede significar un motivo más para el rocanrol.
–¿La madurez es enemiga del compositor?
–Las personas maduran. La escuela de la vida es para todos. Con la edad adquieres más conocimiento de las cosas, eres más cabal, aprendes a ser crítico contigo mismo y se perfila con más claridad una forma propia de hacer música. Yo ya no voy corriendo, pero mis pasos son más firmes. Es fantástico: avanzar en la vida, evolucionar, ver que el bienestar de tu vida se ve reducido a pequeños detalles.
–¿Detalles?
–Soy muy hijo de puta conmigo mismo. Me he mirado muchas veces al espejo y me he insultado. Me he dicho: te partiría la cara si no me tuviera que partir yo antes la mano.
–¿Te encuentras a ti mismo como baladista?
–No. Yo aprendí de una guitarra eléctrica nerviosa, corrosiva y tensa. Comencé con gafas negras y pegando guitarrazos. Me gustaba Wilco Johnson, que tocaba sin púa, dando golpes con la mano en las cuerdas. Las baladas vinieron después como un elemento más, pero así como puedo sentarme en una banqueta y hacer El sitio de mi recreo puedo también atronar con una guitarra tocando Lo mejor de nuestra vida. A veces es necesario reducir las luces y quedarme solo en el escenario.
–¿Se pueden vender discos y tener la conciencia tranquila?
–Eso depende de la educación de la gente, de que compren la música más o menos accesible. Yo espero vender una cifra importante de discos y, por supuesto, no pienso ceder ni un milímetro a la dignidad o a la falta de honestidad en el trabajo.
–¿El éxito ha hecho de ti otro artista? ¿Te ves como un mito?
–No, en absoluto. He visto muchos amiguetes que empezaron conmigo a los que la historia de la popularidad les ha envenenado hasta el punto de que hoy te encuentras con gente extraña que antes no lo era. Por ello, es difícil jugar con esos dos papeles, el de la popularidad y el de la vida íntima, sin mezclarlos, y saber dónde acaba uno y dónde empieza el otro. Yo tengo el respeto de los demás, pero no me siento en absoluto un mito, huyo de eso. Reivindico mi condición de ser humano, de individuo normal. Si el artista se considera a sí mismo un mito da un paso hacia la esclavitud.
–¿Quién hace mejor música en España?
–Ignacio Campillo (Tam Tam Go!), Manolo García y Quimi Portet (El último de la fila), y muchos músicos de los 80 ya maduros. Faltan grupos relevos.
–Recuerdos de Nacha Pop.
–Es algo precioso que viaja y vive conmigo. A veces pienso que soy la única persona en el mundo que ha conocido la verdadera intensidad de un grupo pop: la responsabilidad compartida, la ausencia de líderes… Lo recuerdo como el grupo perfecto. Ocurrió que a fuerza de pretender equilibrar la balanza dentro de la banda –nuevo álbum, cinco canciones mías, cinco de Nacho–, lo que antes era compatible acabó siendo incompatible.
–¿Qué oiremos en tu tercer elepé?
–Temas con un duende mágico paseando, acompañados de guitarras eléctricas, a veces un poco frenéticas. Procuraré que haya un equilibrio, igual que en No me iré mañana.
–¿Qué es lo primero que harás cuando seas un compositor de joyas pop?
–Comprarme un cuaderno para poner ahí todas mis letras.

Texto: Quico Pérez-Ventana

Publicado en El Correo de Andalucía el 11 de junio de 1993

 

…Y su música
El sitio de mi recreo
Lucha de gigantes
Chica de ayer (su primera actuación en tv, 1980)
Una décima de segundo
Esperando nada
Persiguiendo sombras

 

28 Comments

  1. Manuel Bohórquez
  2. Carmen Arjona
  3. Ángel Lahera
  4. Manuel Bustamante
  5. Andres Sevilla
  6. Rafael Morales R
  7. Jesús Escobosa
  8. Rafael Morales R

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