Cabalmente

Condumio ecológico: el filete que no existe, la pera sin pesticidas y un pelín de famoseo

Escrito por . Publicado en Divagando hace 6 años.
tomates

 

–No se habrá vuelto usted vegetariano, Pérez Ventana.

Pues no, la verdad. Aunque tampoco pasaría nada, vistos estos michelines cuarentones. Ocurre que un servidor se ve reflejado habitualmente en el traidor de Matrix que vendía la salvación del mundo por un entrecot de buey crudito. Recordad aquella genial reflexión de Joe Pantoliano: “Sé que este filete no existe. Sé que cuando me lo meto en la boca es Matrix la que está diciendo a mi cerebro: es bueno y jugoso”. Después de nueve años, ¿sabes de lo que me doy cuenta? La ignorancia es la felicidad”. Dios, qué placer. Además, no sabemos a ciencia cierta si aquella buena vaca de nuestro Señor se había criado feliz entre pastos y sin probar el odioso pienso transgénico, como mandan los cánones de la ganadería ecológica.

Definitivamente no me he pasado a lo verde, y en términos futbolísticos aún menos. Es solo que estos días acabo de redactar un trabajo sobre cocina ecológica –ver información aquí– y, claro, me salen por las orejas datos y replanteamientos vitales. Ha sido un encargo de mi hermana Pati (La Ventana Editorial), reputada periodista gastronómica, que estos días gestiona un blog con las recetas de sus abuelas, que también eran las mías: DivinaCocina. Leer sobre el tema da que pensar. Porque claro, de entrada nos gustan las palabras ‘seguro, natural y auténtico’, pero lo que no nos gusta es la palabra ‘caro’. Solo es cuestión de tiempo que elevemos el nivel de la exigencia en las estanterías del súper, en mayor grado si no es proporcional al vaciado del monedero.

Alimentos ecológicos, mire usted

En el trabajo aludido, a modo de recordatorio, servidor escribía lindezas tales como la que sigue. «Los productos ecológicos, biológicos u orgánicos –en este contexto los tres términos son sinónimos– son aquellos que han sido producidos de forma biológica, sin compuestos agroquímicos y siguiendo métodos tradicionales. Deben ir presentados en envoltorios igualmente ecológicos y certificados por una autoridad competente. El conjunto de estos factores posibilita la obtención de alimentos muy saludables y de gran calidad, ya sean cárnicos, agrícolas, vinos y bebidas, amén de contribuir a la diversidad biológica y a la preservación de las especies y los hábitats naturales del mundo rural, minimizando así el impacto humano en el medio ambiente y en los animales. En definitiva, los productos ecológicos son el resultado de un medio sostenible de producción agraria y ganadera que hace un uso racional de los recursos naturales y no los compromete para generaciones futuras». De entrada, lo de mandar la agroquímica a tomar viento suena bien, ¿no?

Para entendernos, productos ecológicos que se pueden encontrar fácilmente en el mercado son, entre otros, verduras, hortalizas, cereales, legumbres, vinos, cervezas, lácteos, carnes –en especial cordero, ternera, cerdo y pollo–, pescados –trucha, lubina, dorada, lenguado–, pastelería, panes, aceite de oliva virgen, quesos, frutos secos, cacao, hierbas y especias, miel, zumos, conservas de frutas y verduras, comidas preparadas, alimentos para bebés, algodón, flores cortadas, etc. La transformación de las materias primas ecológicas también es un reflejo de los infinitos gustos, habilidades y tendencias culinarias que caracterizan al consumo actual. Nuevos productos para fórmulas antiguas.

Hasta hace muy poco la venta de productos ecológicos se circunscribía a mercados locales, tiendas especializadas, venta directa en la misma explotación agraria o cooperativa y compras on-line a través de internet. Artículos gourmet o delicatessen, vaya. Sin embargo, el auge de su producción y consumo ha posibilitado la presencia de estos alimentos en supermercados e hipermercados, donde se muestran en línea con los productos convencionales. También crece día a día el número de restaurantes que incluyen en sus cartas menús ecológicos, y, por cierto, con gran aceptación por parte de los comensales. El precio de los alimentos ecológicos, no obstante, aún experimenta un incremento respecto a los tradicionales debido al mayor coste para los operadores en toda la cadena de suministro. Como es lógico, la transformación de los sistemas de producción alimentaria no será de un día para otro. Los componentes agroquímicos y transgénicos seguirán empleándose en la industria agroalimentaria. Pero algo ha cambiado: el ciudadano puede informarse y elegir libremente la calidad del alimento que introduce en la cesta de la compra. Y esta será la pauta del consumo en Europa durante el presente siglo.

Va en ello nuestra salud, que no es poco

El auge de los productos ecológicos pasa por ser una tendencia innovadora, casi trasgresora. En realidad no lo es tanto. Al fin y al cabo, la agricultura ecológica no es más que la agricultura de antes. La que proporcionaba suministros básicos a la cocina de la abuela. La de siempre. Y es que en el último medio siglo las técnicas agrícolas han ido evolucionando hasta desarrollar métodos manifiestamente agresivos para, por ejemplo, combatir las plagas y enfermedades o acelerar el crecimiento. El impacto de estos compuestos agroquímicos en la salud no está aún definido con exactitud, pero sí sospechamos que no son sustancias inocuas, en mayor grado a largo plazo. De hecho, diferentes estudios informan, por ejemplo, de que el 60 por ciento de las enfermedades degenerativas está relacionado con una mala alimentación. Según los expertos, los alimentos biológicos o ecológicos tienen hasta un 40 por ciento más de antioxidantes y entre un 40 y un 60 por ciento más de vitaminas y minerales, así como menos porcentaje de agua. Ingerir, aun en pequeña proporción, productos químicos o alimentos alterados genéticamente no puede ser sano. No en vano, las mutuas agrícolas han establecido una relación entre los fertilizantes químicos y pesticidas con el 73 por ciento de enfermedades y dolencias declaradas por los consumidores de esos productos. Los pesticidas que contienen muchos de los alimentos que consumimos pueden ser culpables de enfermedades crónicas y problemas del sistema inmune. También hay opiniones contrarias, como es de rigor. En todo caso, la agricultura y la ganadería biológicas, al prescindir de pesticidas, semillas transgénicas, hormonas de crecimiento, etc., no pueden más que proporcionar consecuencias positivas para quien sustenta en ellas su modo de vida y su alimentación.

Podríamos enumerar infinidad de beneficios de los alimentos ecológicos para la salud. Básicamente, son productos seguros, naturales y auténticos. Hablamos de alimentos genuinamente originales y con todas sus propiedades nutritivas. En la producción de alimentos ecológicos no se emplean sustancias químicas de síntesis ni organismos modificados genéticamente. Esta técnica de elaboración asegura que los productos conserven intactos sus componentes alimenticios y sean de la mayor calidad. Además los vegetales ecológicos se deterioran más lentamente, pues se cosechan cuando están maduros, no como los que venden las grandes empresas productoras, muy verdes en la recolección. Las carnes orgánicas son más magras, tienen menos grasa intramuscular. También destacan por su sabor y diversidad. Es cierto que algunos de estos productos no lucen un aspecto tan apetecible, pero lo compensan con un color mucho más puro.

¿Y somos los españoles ‘ecológicos’? Aún no. Al menos no de forma mayoritaria, pese a que presumimos de ser los primeros en producción mundial. Y desde luego no al nivel de los vecinos británicos, franceses y alemanes. Muchas personas aún los ignoran, ya sea por desconocimiento o porque no los encuentran con facilidad. Pero la tendencia es creciente. Los consumidores más exigentes y mejor informados eligen productos ecológicos por sus cualidades organolépticas –sabor, textura, olor, color– o por su concienciación con el medio ambiente y el bienestar de los animales. Es aún es un consumo muy reducido, pero los gestores de grandes firmas alimenticias saben que estos productos terminarán formando parte de sus expositores al mismo nivel que los convencionales.

Los rostros de la ‘moda’ ecológica

A modo de ‘prescriptores’ –bienvenida sea cualquier ayudita en la promoción de tales menesteres–, aunque mirando por sus propios intereses, mayormente la querencia a envejecer bien, son muchos los famosos que han declarado públicamente su compromiso con el modo de vida ecológico. Algunos por esnobismo, de acuerdo. Pero otros, como tantos millones de ciudadanos, en mayor grado dado su interés por la imagen y el bienestar físico, eligen alimentos orgánicos por sus beneficios para la salud o su concienciación con el medio ambiente y el bienestar de los animales. Y no solo en el plato. El ecologismo, alguna de sus múltiples encarnaciones, forma parte de su día a día. Por ello Al Gore regresó del lado oscuro y proclamó su verdad incómoda. Recordemos unos ejemplos.

La actriz y modelo Liz Hurley –ex de Hugh Grant– presentó en 2009 su propia línea de productos ecológicos, todos ellos procedentes de su granja en Gloucestershire. Los alimentos en cuestión le harán sombra a los del Príncipe Carlos, quien también es encendido incondicional de la vida campestre y saca tiempo para cultivar productos ecológicos en sus propios huertos. O el músico neoyorquino Lenny Kravitz, cuya especial preocupación por el medio ambiente le ha llevado a construirse una casa en Las Bahamas en clave absolutamente ecológica. O el de Leonardo DiCaprio, que, además de conducir un coche híbrido y viajar en aerolíneas comerciales, se compró un apartamento ecológico en Nueva York decorado con pinturas no contaminantes y con sistemas de tratamiento de aguas, filtrado de aire y paneles solares rotatorios que generan su propia energía. Una vivienda autosuficiente, lo mismito que la de Cate Blanchett.

Otra muestra sonada de militancia en la moda ecológica es la del actor estadounidense Brad Pitt, en cuyo currículo, además de los intereses alimenticios, figura el diseño de casas ecológicas en Nueva Orleans –que compensan la destrucción causada por el huracán Katrina en 2005– o Dubai. Incluso una firma de cosméticos comercializa a medias con el actor un producto con emblema verde, en concreto un limpiador corporal biodegradable, no testado en animales y con envase 100% reciclable. Una más. El mítico Paul Newman dejó algo más que maravillosas películas: Newman’s Own es una empresa dedicada a la alimentación ecológica cuyos beneficios se destinan íntegramente a labores benéficas.

Vegetarianos ha habido siempre. Muchos de ellos famosos, claro. Ya lo dijo Einstein: “Nada incrementaría tanto la posibilidad de supervivencia sobre la Tierra como el paso hasta una alimentación vegetariana”. Lo que ocurre es que el apellido ‘ecológico’ viene a enriquecer aún más esa dieta. Y, entre otros muchos, personajes como los músicos Alanis Morissette, Madonna, Paul McCartney, Bob Dylan, Carlos Santana, Bryan Adams y Moby o los actores Drew Barrimore, Natalie Portman, Cameron Diaz, el malogrado River Phoenix, Michelle Pfeiffer, Richard Gere o Woody Harrelson hicieron caso a Don Alberto. En concreto, el protagonista de Cheers, profesor de yoga y activista del ecologismo, solo se alimenta de crudos, es decir, fruta fresca, verduras, semillas y frutos secos. “Estamos introduciendo alimentos muertos en nuestro cuerpo, y sólo la vida nos traerá vida”, dice. Eva Mendes posó sin ropa en un anuncio en el que aseguraba que prefería ir desnuda antes que llevar pieles. Por su parte, el líder de Radiohead, Thom Yorke, asegura que comer vegetales fue una de las primeras decisiones que tomó para no formar parte del sistema. Por esta u otras razones, Enrique Bunbury, la reina Doña Sofía –devota de la menestra–, la infanta Cristina y Montserrat Caballé basan su alimentación en los vegetales, preferiblemente ecológicos.

–No, si ahora le va a gustar a usted el famoseo, Pérez Ventana. Lo que hay que leer…

quico@perezventana.es
twitter: @perezventana

 

16 Comments

  1. Pepe Martínez
  2. Andrés Sevilla

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