Cabalmente

Diario de un presidente de mesa electoral (1)

Escrito por . Publicado en Divagando hace 6 años.
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–Entonces… ¿papi puede ser el alcalde de Sevilla?
–No, Juan. Mami me ha dicho que el alcalde va a ser un señor que se llama Pepe.

La conversación se produce el domingo 22 de mayo, día de las Elecciones Municipales 2011, en la puerta del colegio electoral IES Ramón Carande (Tiro de Línea, Sevilla). Momentos antes, mis hijos Juan y Lucía acababan de ver algo raro. Su papá estaba sentado en el centro de una mesa junto a otras personas y frente a una larga cola de mayores. Saludaba a la gente, les pedía el carné, pronunciaba su nombre en alto varias veces y los demás lo anotaban. Entonces él decía: vote usted, señor. Y luego les ayudaba a meter un sobre en una caja de plástico. La madre intentó explicarles que la gente del barrio estaba decidiendo quién iba a ser el nuevo alcalde de Sevilla, que papá era el presidente de la mesa electoral, y eso fue lo que entendieron. Qué arte. Sin embargo, a sus ocho años, Juan se maneja mejor que bien con su camarita de fotos. Ya veis la imagen que nos tomó en un instante en que aquello se quedó medio tranquilo.

Pues sí. Me tocó estar en una mesa electoral del barrio. Y eso que llevo apenas tres meses en el Tiro de Línea. Semanas antes me llegó una carta certificada comunicándome el marrón. Voy de vocal pero, como suele ocurrir cuando uno es primerizo, el presidente no se ha presentado a las ocho y el siguiente soy yo. Los vocales que me acompañan son también suplentes. Está bien. Vivamos el juego electoral. Hoy no podré llevar a los peques de paseo. El próximo domingo habrá ración doble de hierro siete. En el acta de constitución de la mesa hago constar que el presi y el vocal 2º se han escaqueao los muy canallas. Si De Juana Chaos está en la puta calle no creo que a estos insumisos de los comicios les enchironen. Eva, la representante de la Delegación del Gobierno, me explica qué hay que hacer. Les pides el DNI o tal o cual documento acreditativo. Coges el sobre, vigilas que nadie eche dos. Luego se lo devuelves para que ellos lo introduzcan y les dices ‘vota’. Mejor ‘vote’, me digo a mí mismo, no vayan a pensar que les estoy tuteando. Quico, recuerda que tienes que estar muy pendiente de todo. Tú eres el presidente y tienes el poder. Dios, qué responsabilidad. Espero no pasarme al lado oscuro.

¡¡ A votar !!

Antes de las 9 h ya hay una encantadora ancianita sentada a un lado de la mesa esperando el momento. Esta es la tónica general durante toda la jornada. Muchas personas mayores viven con pasión el ritual, quizá porque les tocó vivir tiempos en los que lo más parecido a una urna era la lata del cola-cao con el dibujo de la familia feliz. Preciosas, por cierto. El año pasado compré una en eBay por quince trompos. Se abren las urnas. Voten ustedes. Los interventores del PP y el PSOE se llevan bien entre ellos, tomen buena nota sus jefes. Dos policías nacionales velan por nosotros. Hay quien viene, vota y se va en silencio. Otros nos sueltan un discurso. Bienvenidos sean. Yo siempre he hecho lo mismo, aunque en clave interrogativa. Una vez entrevisté al rockero Rosendo Mercado y al terminar le pedí que me firmara el cedé. “Para Quico, un preguntón”, escribió.

A un señor se le ve cabreado. Se dirige a mí porque se nota que me gusta el palique. ¡Estos hijos de mala madre no hacen nada por nosotros, cobran ocho mil euros, habría que rebajarles el sueldo a la mitad! Al tocar la papeleta noto algo extraño. Para saber lo que había dentro tendrás que leer la última entrega de mis reflexiones blogueras. Al poco, una señora compensa el sofocón. «¿Cómo están ustedes? ¿Necesitan algo? Que pasen un buen día». Y es que este mundo aún tiene una esperanza.

De pronto alguien me hace entrega de una papeleta del PP. Solo el papel y sin doblar. Señora, métala usted en el sobre, que ahora todos sabremos el partido al que vota, y además así no vale. Hijo, si a mí no me importa, yo es que siempre voto al PP. Ojú, si los del otro lado piensan igual el aire seguirá estando viciado. En fin, que ya vamos por cien. En mi mesa pueden votar 535 personas, incluyendo a un servidor, que no podrá hacerlo hasta que se cierre el colegio. Se está animando la cosa. Y parece que le he cogido bien el tranquillo. Ni siquiera acepto ir a desayunar, no vaya a perderme algo. Vaya, que me está gustando. Que esto de votar es muy importante, pese a los protestones de Sol y las setas. Llega un árbitro de la ortodoxia. Señor –me dice–, usted debe coger mi sobre para ver si solo hay uno, pero luego debe devolvérmelo porque tengo que introducirlo yo en la urna, ¿eh? Así lo ha dicho Rubalcaba en la tele. No se preocupe, así lo hago siempre. Me da las gracias y se despide. ¿Gracias? ¡Si me han obligado! ¿No le dan 60 pelotes al que se sienta aquí? Pues mejor le habrían venido a los paisanos de la lista del millón de parados. En fin, ya que he sido el elegido, correspondo talmente con una sonrisa.

Incidencias (o algo parecido)

A las 11,15 h se presenta un apoderado de UPyD. Me pide una copia del acta de constitución de la mesa. Ángel, el interventor del PP, que ni siquiera es militante, solo simpatizante, se la da amablemente. El discípulo de doña Rosa Díez comenta que en la fachada del colegio electoral hay carteles de Izquierda Unida y que eso está prohibido. En estas pasa por allí el apoderado de IU y le comento el tema. Es que me han ordenado dar cuenta de cualquier incidencia. Lo encaja regular. ¡Eso es falso! Salga usted y vea a qué distancia están de la puerta. Bien, yo solo le transmito la queja de un interventor de otro partido. Lo paga conmigo. Se debe notar que no soy de los suyos, aunque a mí también me gustan las mariscadas.

Y otra incidencia. Esta parece más gordita. Los policías revolotean. Un vocal de otra mesa me cuenta que ha llegado un interventor de Mayoría Democrática –este partido existe, la ciudad de Cuenca también– y ha exigido que se cierre el colegio porque no hay papeletas de su candidatura. Al parecer han llegado a chapar el instituto. Más tarde aparecen las papeletas de MD y todo vuelve a la normalidad. Esa noche me di cuenta de que a los vecinos del Tiro de Línea pareció importarles un carajo si estaban o no sobre la mesa las papeletas de la Mayoría Democrática esa.

Mientras tanto, mis compañeros vocales, Pilar y Eduardo, ambos con residencia en Almirante Topete, se entretienen saludando a los vecinos que vienen a votar. Te ha tocao, ¿no? Ya ves, aquí estoy pringando. Yo hago lo propio. Estrecho la mano de algún antiguo alumno de Claret que le ha echado igualmente el ojo a las ‘casas de los escritorios’ del Tiro para reformarlas. Total, nos pilla cerca de Heliópolis y así tenemos al lado la carnicería de Juan Pérez y el Lucenilla para arreglar la moto. Una señora, también entrada en años, me entrega el DNI y un sobre del PP. Entiéndase el sobre postal que ha recibido en casa con la propaganda electoral del partido de marras. Cerrado. Con su gaviotita y todo. ¿Me permite abrirlo? Es que así no es válido. Asiente. En el interior, el sobre de las municipales y la lista de Zoido y compañía. Lo ordeno, se lo doy a la buena señora y ella va y ejerce su voto secreto, como garantiza la Constitución. Dos conclusiones. Primera, que los sobres que nos dejan en los buzones sirven para algo. Segunda, que el resultado de este colegio electoral no está tan claro. A ver si va a resultar que vamos a pintar de otro color el cortijo…

(continuará…)

 

quico@perezventana.es
twitter: @perezventana

 

Ver aquí la continuación.

 

9 Comments

  1. José Miguel Muñoz
  2. Jesús Vargas
  3. amparo b. cid
  4. Pepe Martínez
  5. Andrés Sevilla

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