Cabalmente

Diario de un presidente de mesa electoral (y 3)

Escrito por . Publicado en Divagando hace 6 años.
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Tres cuartos de hora para comer y de vuelta al redil. Yo no he aprovechado para votar dos veces porque estoy censado en la propia mesa electoral en la que ejerzo de presidente y, felizmente, no milito en ningún partido. No me cuadraría delante de ningún sargentucho. En vez de eso he visto cómo a Fernando Alonso le doblaban los cuatro primeros. Los interventores sí que han podido hacerlo. Al mediodía en su barrio y a partir de las 20 h en esta mesa del IES Ramón Carande. Ellos y todos los del mundo mundial. Me dicen que no, que la mesa en la que ejercen sus funciones queda reflejada, pero en voz bajita reconocen que otros puede que lo hagan y nadie se daría cuenta. Su presencia en el escrutinio de las Elecciones Municipales 2011 sería doble, que para eso llevan unas siglas colgadas del cuello.

Uno de los policías nacionales que llevan todo el día velando por nuestra seguridad –y eso que aquí no hay perroflautas– me trae un fax de la Junta Electoral. Hagan ustedes el favor –se alcanza a leer, con sintaxis no muy brillante– de tener en cuenta que las papeletas de Izquierda Unida pueden tener dos logotipos diferentes. Si ven algo raro por ahí no se les vaya a ocurrir echarlas para atrás, ¿estamos? Claro, los comunistas son hermanos pero no primos, y se tiran a por una papeleta con su nombre como si fuera una bandeja de carabineros, ejem. Así luego pueden mandar a sus brigadistas a Cuba y Venezuela. Pa’ mí que se les va a acabar el chollo. También me muestran otra circular del Ministerio del Interior. Esta ya es pa’ tirarse al suelo. Atentos. Entre otras lindezas, dice textualmente que si se acerca un sordo a votar no vayamos a hablarle dándole la espalda. Y si es un ciego, que no juguemos con su perro lazarillo. Tocaos un pie.

Los ‘otros’ partidos políticos

Son muchas horas ya. En la sobremesa hay que entretenerse con algo. Lo reconozco: aprovechamos para descojonarnos con los nombres de los partidos políticos. Con los otros. Con los pequeñitos. A saber. Grupo de Ciudadanos Independientes, Solidaridad y Autogestión Internacionalista, Elección Libre y Eficiente –os lo juro, se llaman así–, Partido por un Mundo más Justo, Ciudadanos en Blanco –de estos leí en el móvil que promulgan el voto en blanco computable, ¿entonces para qué tienen papeletas con candidaturas?–, Unidad Popular Andaluza, Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal… ¿Esto último es una ideología política? Los partidos deberían hablar solo de economía, que es lo que crea riqueza y trabajo, que a su vez es lo que quiere todo hijo de vecino. Los temas sociales son menores. Ya están todos garantizados. Vivimos en España. Y lo que se hace en las plazas de toros ni te cuento. En fin, bendito sea el que inventó el bipartidismo. Talmente Cánovas y Sagasta, aunque entonces la elección dependía de la urna del cola-cao.

‘Sevilla tiene dos partes, dos partes bien diferentes / una la de los turistas, otra donde vive la gente’, cantaba Pata Negra. En el colegio electoral del IES Ramón Carande percibo claramente que también hay dos tiros de línea. Y dos sevillas, por extensión, aunque al acostarme esa noche me di cuenta de que la que antes era más pequeñita ha pegado el estirón. Hay dos sevillas, decía. Sin embargo, los reporteros de las televisiones nacionales siempre le ponen la alcachofa en la boca a la misma Sevilla. A la Sevilla cani.

El capitán y el conejo

A partir de las 18,30 h el colegio es un hervidero de votantes. Llega un señor, me entrega DNI y papeleta y pregunta muy educadamente que cómo va la votación, si sabemos el porcentaje y si ha habido alguna incidencia. Joder, es exactamente lo que pregunto yo cuando voy a votar. Una de dos: o es mi padre o es periodista. Lo segundo, me reconoce, aunque ya retirado. Eso se llama deformación profesional. No vamos a informar sobre esto –bueno, yo en un blog–, pero el instinto nos lleva a preguntar, a querer saber. Otro señor me muestra con orgullo su carné del ejército. A ver si ganamos, dice. Que usted lo disfrute, mi capitán. Y en estas, una hora antes del cierre de la mesa, el apoderado de IU me recuerda que en su momento querrá una copia del acta de escrutinio, y el representante de Correos deja su teléfono para que le avisemos cuando estemos listos. Al parecer se tiene que llevar no sé qué sobre. Ángel se encarga. Esto va llegando al final. Pero la jornada aún nos reserva una sorpresa.

Una señora me entrega el DNI. Yo debo decir sus apellidos en voz alta para que, a mi izquierda, el vocal localice el número de elector. ¡Conejo Redondo! Aprieto los dientes. Dios, Quico, no te rías, aguanta como un machote. Miro a Eduardo. Frunce el ceño. Dos gotas recorren su mejilla. Aguanta la respiración. Rezo para que no esté en la lista, así no tendré que repetir el nombre. Eduardo dice el número censal, aunque en voz bajita y entrecortada. Giro a mi derecha y le digo a Pilar: fulanita Conejo Redondo. Ella me mira con los ojos como platos. Su rostro adquiere un tono carmesí. Parece que se va a descorchar el champán. Comienza a escribir el nombre entre sudores fríos. En ese momento la gentil electora se dirige a mí. Como estos apellidos no habrá visto usted otros iguales, ¿verdad? La carcajada es unánime. Señora, discúlpenos. No se preocupe. Cuando estaba en el instituto me daba vergüenza decir mi nombre en alto, pero ya me da igual. Es que es para reírse.

Los montoncitos

Ea, ya son las 20 h. Durante la última hora, que ha sido tremenda de participación, hemos estado elucubrando sobre la cifra final de votantes. Yo apostaba por 350, ni uno más. De un total de 535 censados, recuerdo. Eduardo se arriesgaba hasta los 400. Pilar lo clavó: 372. Y encima el que llegó el último era el nº 372 en el censo. Más los cinco de la mesa y once por correo, 388 votos. No sobra ninguno. Menos mal. Alguien dice que el presidente debe abrir las papeletas una a una. ¡No jodas! Otro sostiene que no, que las abrimos entre todos a pecho descubierto, cual Bambino. Venga, vamos. Cogemos carrerilla y hacemos montoncitos. Al interventor del PP se le va dibujando una sonrisita en el rostro. Las papeletas populares abultan tela marinera. Y tanto. Las cuento de cincuenta en cincuenta. Casi hago cinco fardos. Ya tenemos resultados. 240 del PP, 70 del PSOE y 37 de IU. El resto, 8 del PA, 6 de UPyD, 5 de Los Verdes y 1 por cabeza para Por un Mundo más Justo, Ciudadanos en Blanco –¿este es un voto en blanco computable?– , Antitaurinos y Mayoría Democrática. Aparte, 11 en blanco y 7 nulos. Entre estos, sobres con varias papeletas partidas o tachadas, uno de los formularios estándar de los perroflautas –‘no cuenten conmigo para esta farsa’, pone– y algunos cartelitos que decidí inmortalizar. El que adorna estas líneas debía ser el del señor que vino a primera hora tan cabreao y que la pagó conmigo, como contaba en la primera entrada. Descarao. En fin, aquí ha ganado el PP de calle. Y estamos en el Tiro de Línea.

Ahora hay que entregar la documentación en los juzgados. La presidenta de la mesa de al lado se ofrece a llevarme en su coche. Antes de eso rellenamos actas de todos los colores. Y nos vamos a Viapol. Pues no, no es aquí. A los juzgados del Prado. Allí hay varias colas repletas de sacrificados presidentes, todos con más mala cara que los pollos de Carrefour, igual que yo. Llego a casa a las 23 h. Ni ceno. Veo a Zoido más contento que MacGyver en un desguace besando la bandera del no&do y a Gallardón con la voz gangosa dorándole la píldora a Rajoy. ¿Por qué están tan contentos? Si solo son servidores públicos predispuestos a trabajar denodadamente para los demás, disimulen el júbilo, joé. Todos dan las gracias a los ciudadanos, que al parecer se han ido hoy de juerga. La fiesta de la democracia, la llaman. De los sufridos miembros de las mesas electorales nadie se acuerda. Mi familia está feliz. Y mis amigos. Y mis compañeros de trabajo. Hasta mis vecinos están felices. Yo, más que feliz, lo que estoy es reventao. Y mañana al curro, que la mía no es una empresa ni grande ni pública, así que no hay justificante que valga.

Ser el presidente de una mesa electoral durante unas elecciones municipales ha sido una experiencia curiosa. Espero que no vuelva a repetirse. Por otra parte, después de escribir estas reflexiones seguro que me hacen la cruz en las listas del censo. En vez de eso iré a votar y espero que el presidente me dé palique. Venga, a seguir bien, amigos.

Fin de la trilogía.

quico@perezventana.es
twitter: @perezventana

 

15 Comments

  1. Pepe Martínez
  2. Ignacio Salvador
  3. Fernando Luque
  4. Manuel Bustamante

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