Cabalmente

El nuevo periodismo

Escrito por . Publicado en Letras hace 8 años.
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De acuerdo, sabremos reciclarnos. Pero uno no puede evitar echarse a temblar al leer lo que tienen que decirnos los grandes gurús de la comunicación patria. Escribe sobre el futuro del periodismo el profesor de la Complutense Felipe Sahagún en la revista «Periodistas» aquello de la necesidad de un nuevo modelo, el objetivo prioritario de una explotación publicitaria rentable de la red y un interesantísimo bla, bla, bla. Y cita, como decía, a dos pesos pesados: Juan Luis Cebrián, fundador de «El País»,  y Pedro J. Ramírez, director de «El Mundo». El primero expresa su principio de incertidumbre, que canta Ismael Serrano: «El cambio fundamental está en que los diarios se sustentan en un sistema del siglo pasado, la economía de oferta, y la era digital trae una economía de demanda». Tremenda reflexión, pardiez. «Y los periodistas, que somos intermediarios entre lo que pasa y los que demandan información, estamos viendo cómo son los demás, los no periodistas, los que cuentan lo que les pasa sin ningún tipo de intermediario. Y como no sabemos qué hacer, le echamos la culpa al soporte, a ese viejo papel de periódico que servía para envolver plátanos en la frutería. Los optimistas dicen que siempre habrá periódicos. No lo tengo yo tan claro. Lo que sí habrá es periodistas, gente que nos interprete la realidad».

Ramírez, por su parte, dice que «un bloguero no es un periodista por contar cosas. Sin organizaciones profesionales no puede haber profesión. Las redacciones ya nunca serán como las hemos conocido, pero serán (…). Lo esencial del nuevo periodismo es la marca con múltiples plataformas». Lo dice porque le va en ello la salud de su imperio, pero tiene toda la razón. 

Para estas cosas se une un servidor con plena satisfacción y manifiesto corporativismo a la Asociación de la Prensa de Sevilla y, por extensión, a la Federación de Asociaciones de Periodistas de España. Para escudriñar los contenidos de su revista, aunque estéticamente no sea muy allá. Está bien, menos vanguardia y más enjundia. Para eso, decía, y para entonar un réquiem por la información en celulosa, que quizá ya no alimente a mis hijos, pero que debe perdurar, porque la sociedad demanda esa información. Y además, ¿qué voy a llevar los domingos en la otra mano?

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