Cabalmente

Nunca he comido un donut

Escrito por . Publicado en Divagando hace 8 años.
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–Pues eso. Que yo nunca me he comido un donut.

–Oiga usted, ¿y eso qué tiene de particular?

–Supongo que nada en especial, pero… ¿cuántas personas conoce usted que no se hayan comido nunca un donut?
–Pues ahora que lo pienso, sólo usted. Pero vamos, que tampoco le ha ido tan bien sin haberse comido nunca un rosco, es un decir.
–Vale, vale, se me ve ciertamente perjudicado en la antesala de los cuarenta. Pero ahí está el tío. Sin haberse comido nunca un donut.
–¿Y por qué nunca se ha comido usted un donut, si puede saberse?
–No sé, nunca me ha entrado por los ojos. No parece comida, coño. Comida es un serranito, no un arito artificial.
–Artificial, sí, pero está riquísimo.
–Si usted lo dice… Yo es que nunca lo he probado.
–Y, por curiosidad, ¿hay alguna otra cosa que nunca haya probado el señor?
–Déjeme que piense. Sí, ahora que caigo nunca he probado el pisto. Como Coque Malla en Todo es mentira.
–Bueno, debe haber por ahí más de uno al que no le gusta el pisto.
–Y nunca he llamado a Telepizza. Y lo del McDonald’s como que no. Y no bebo café, aunque recuerdo haberlo probado. Pero esto no es difícil, porque nunca vi a mis padres ni a mis hermanos tomarse un café. En vez de eso me tomo un colacao, que está más bueno. Y coca-cola ni mijita. Y nunca he entrado en ‘facebook’. Y nunca he sentido el contacto de mis manos con una revista del corazón.
–Ya, pues sí que es raro usted, amigo. Pero volviendo a lo del donut, ¿le puedo ofrecer uno? Porque no pensará usted irse a San Jerónimo sin haberse comido nunca un donut.
–Pues esa es la intención. Claro que puedo darle un bocado a un donut, igual ni siquiera lo escupo, pero ya es una cuestión de integridad. Si he llegado hasta aquí sin haberme comido nunca un donut quiero mantenerme firme y coherente.
–Vale, entonces es una cuestión de obcecación. De cabezonería, vaya.
–Pues será. Pero vamos, que si tengo que bajarme los pantalones y probar algo, pues quizá sea el pisto, porque por lo menos parece algo natural. Lo del donut es que no hay por dónde cogerlo. Parece hecho por una máquina en una cadena industrial. O diseñado con el ratón óptico. Es como darle un mordisco a un tornillo.
–A usted sí que le falta un tornillo.
–Pues será. Venga, que usted siga bien, amigo.
–Lo mismo. Acaba ya, hombre. Qué tío más plasta, cagondié. Me voy, que me han entrao unas ganas de comerme un donut con un café…

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