Cabalmente

Sevillano con la cara colorada

Escrito por . Publicado en Personas hace 8 años.
123

Jorge Molina ha escrito el libro que muchos periodistas sevillanos habríamos querido escribir. La frase no es mía, sino de Antonio Avendaño, delegado en Sevilla del diario Público y, en los 90, jefe de un servidor y del propio Molina en la redacción de El Correo de Andalucía. Avendaño pronunció tales palabras el 18 de febrero de 2010 en la Fundación Cruzcampo con motivo de la presentación de la obra 123 motivos para no viajar a Sevilla (Editorial Jirones de Azul). Si el libro es divertido, que lo es a manos llenas, la presentación en aquel salón de actos de la Avenida de Andalucía fue sencillamente apoteósica. Jamás me reí tanto en la puesta de largo de un libro. Y prometo que semejante regocijo no tuvo nada que ver con el hecho de disfrutar de mi señorial calvita en la pantalla del salón, donde se exhibió el vídeo que encabeza estas líneas y que unos cuantos colegas de Molina, por iniciativa de aquél, tuvimos a bien grabar días antes en la productora Atrium Digital del Polígono Pisa. Yo soy el que dice la palabra ‘mierda’. Perdón, se me escapó.

El libro
Mi amigo Jorge Molina, el padre de la criatura, me habló de ese mogollón de motivos para no viajar a Sevilla justo un año antes mientras dábamos cuenta de unas birras en el Pub Trinity. Nos vimos en la inauguración de Nespresso en la Plaza Nueva, que está justo debajo de mi oficina, y la velada continuó en esta taberna, es un decir, pues no tiene colillas, servilletas y huesos de aceituna en el suelo, que es uno de los argumentos de Molina para no arrimarse a la Sevilla mariana. Mi hermana Pati se apuntó a la charla, y algo aportó al decálogo de hedores hispalenses en su condición de directora de la revista de gastronomía El Salero. Semanas más tarde visité a Jorge en su despacho del Parlamento de Andalucía, donde oficia de responsable de comunicación de la Presidencia, y me llevé bajo el brazo el borrador del libro. Se lo devolví con mi humilde veredicto. Y he aquí que él me sorprende citándome en los créditos junto a otros ‘doctores’ de la iglesia. Muy honrado, querido.
Del libro en cuestión diré que tiene todo el arte. Y que ha sido muy bien acogido en los medios y la ciudadanía; a destacar todo un artículo de Antonio Burgos en ABC. Centenar y pico de razonamientos que nos ponen la cara colorada a los sevillanos. Y él es eso mismo, un sevillano que despotrica sin rubores de su ciudad. Talmente como Fray Bartolomé de las Casas, que en su ‘Brevísima relación de la destrucción de las indias’ citaba a más indios muertos o esclavizados de los que allí existían. Pero Molina contrarresta con sarcasmo e ingenio, cabría añadir que con algo muy de aquí, el ‘aje’, que no malaje, el hecho de avivar el fuego de la ‘leyenda negra’ del turismo sevillano. Pero es que es verdad. En Sevilla hay cultura de la bulla, incultura, mala educación, coches en segunda fila y tela de calor. En Sevilla no se habla idiomas y hay un estadio que se llama ‘olímpico’ no se sabe muy bien por qué. En Sevilla hay taxistas sinvergonzones en el aeropuerto, vendedoras de romero, camareros graciosos, cacas de perro, botellonas, discotecas de futbolistas, cofrades jartibles, flautistas y tamborileros que cortan la SE-30, neorrancios, pintores de temas taurinos, momias, tunos, camareros graciosos y, sobre todo, canis, lo peor de lo peor. Y mucho esaborío. 123 motivos para no viajar a Sevilla aventura una particular ‘escala de lo sevillano’ que airea nuestras vergüenzas, que son muchas, pero que en el fondo nos presentan como un pueblo insólito, esto es, atrayente y seductor. No, si al final le darán a Molina un cargo en el Consorcio Turismo de Sevilla, ya verán.
Lo dice él mismo, o su editor, en la cubierta del libro: “Jorge Molina intenta un honesto lucro económico (…) después de una larga trayectoria de 25 años escribiendo con resultado poco rentable (…) Ahora inicia con este libro un camino desconocido. Usando el tono que domina mejor, la ironía ácida, aborda una sarcástica visión de la ciudad de Sevilla, ‘esa maravillosa urbe’, como llega a deslizar en el libro en un momento de sentida debilidad”. Lo del ‘lucro económico’, genial, debe referirse al hecho de que la obra da pie a un proyecto, las Guías del No Viajero, que promete fuertes emociones en el futuro.
En fin, ahí está el hombre. Jorge Molina ‘el conspirador’. El oráculo del guerrero místico. El apóstol del fino vituperio. El (se)villano que vendió a su madre por un plato de lentejas. Un canalla renegado que escribe con escarnio y alevosía. El enemigo nº 1 de la gran Híspalis. Más aún que ya saben quién. El tío es un héroe y merece un monumento desde ya.

La presentación
Lo decía Julio Cuesta, presidente de la Fundación Cruzcampo, en el acto de salutación: “Este salón ha acogido muchas presentaciones de libros, pero ninguno de esta naturaleza. Es un hito para la fundación y un hito en la historia de esta ciudad”. Y más. “Los sevillanos nos miramos tanto el ombligo que nos conocemos poquísimo. Muchas veces partimos de tópicos de nosotros mismos que, al levantar la vista, resulta que son contratópicos”. Como un servidor dejó su grabadora de mp3 en la mesa de ponentes, donde además de Molina, Avendaño y Cuesta estaban Rosa y Esperanza García Perea (Jirones de Azul) y el periodista de Efe Alfredo Valenzuela, ahí dejo algunas perlas de cuanto allí se departió.
Reconocía Rosa que en la editorial tienen que comer todos los días, y que no sabían a qué se iban a enfrentar, esto es, qué tipo de sentido del humor tenía Sevilla. Temían a la Sevilla rancia, a los columnistas clásicos. Pero no, lo que ha levantado es mucha guasa y sentido crítico. ¿Lo ves, Jorge, como no es pa’ tanto?
Lo de Alfredo Valenzuela mejor lo entrecomillo. Este fue su saludo inicial, atención al dato: “Señor presidente de la Junta de Andalucía, señor alcalde de Sevilla, señor presidente de la Diputación de Sevilla, excelentísimo capitán general de la Región Militar, señor presidente del Consejo Superior de Hermandades y Cofradías…”. Aquí las carcajadas ya me ensordecían el mp3. Citaba el biógrafo de Silvio –por si no recordaban este detalle, de ahí que ya sea la segunda vez que hablo de Valenzuela en esta bitácora– al gran Pepe Guzmán por aquello de que el día de autos, lluvioso, no era para sacar a pasear a los perros, y menos para asistir a la presentación de un libro. “Yo estoy aquí porque me lo ha pedido Jorge Molina, pero conste que no sólo no me gusta viajar sino que lo detesto. Viajar es carísimo, además es un coñazo, y no me va a convencer ninguno de ustedes (…) De acuerdo, viajar cura los nacionalismos, pero como yo no soy nacionalista…” Tremenda reflexión para prologar un libro de viajes, rediós. Por lo demás, Valenzuela recomendaba la lectura de la piedra angular de la literatura viajera, ‘Viaje alrededor de mi cuarto’ (Joseph de Maistre, 1794), calificaba a Molina de ‘progre’, a su obra de “lo más políticamente incorrecto que me he encontrado”, y comentaba que el texto estaba en la Casa del Libro en la estantería de los diez recomendables junto a La Sevilla eterna.
Antonio Avendaño, por su parte, decía que sentía envidia de Molina por escribir un libro como este y presentarlo en un lugar donde se dé cerveza gratis. Por haberle robado un sueño. “Naturalmente este libro es una exageración. Y no porque ‘123 motivos para no viajar a Sevilla’ sean demasiados motivos, sino porque todos ellos son motivos aparentemente menores que han sido hábilmente transfigurados en algo más grande y más irónico que ellos mismos gracias a la escritura y el ingenio de Jorge Molina. Tiene, pues, este libro algo de libro de las exageraciones. De manera que, sin pretenderlo, acaba el libro siendo víctima de una especie de sevillanismo inverso que tal vez el autor no había previsto. Es como si la ciudad se vengara de quien se burla de ella haciéndole caer en aquello mismo que es la diana de sus burlas”.
Y habló el protagonista de la noche. “No hay periodista sevillano que en el fondo no esté tramando escribir sobre su ciudad. Por algún motivo, esta ciudad provoca que se escriba sobre ella, aunque no comparto eso tan cursi de que Sevilla sea un género literario en sí misma. (…) La idea nació cuando se me ocurrió un título. Me acuerdo de mi admirado Paco Correal, maestro de la titulación, que una vez había una huelga de Correos y Telégrafos y se fue a hacer un reportaje a El Coronil. Y yo le dije: Paco, ¿por qué te vas a hacer un reportaje de esta huelga a El Coronil? Y él me contestó: hombre, por qué va a ser, para poder titular ‘El Coronil no tiene quien le escriba’. (…) Reconozcamos que esto es un disparate, pero sobre todo ha sido un intento de aportar un punto de vista diferente sobre la abundante y brillante bibliografía de Sevilla. Un recorrido panorámico, superficial, sí, pero bien intencionado y humorístico, sobre una ciudad que tiene mucha leña que cortar”. Amén, amigo.

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