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Apuntes de un periodista musical

UN BAJO ELÉCTRICO
EN EL ESCAPARATE

No reproduciré aquí lo que decía Frank Zappa sobre los críticos de rock. Bueno, mejor sí. «El periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer». De entrada discutiría las tres afirmaciones, empezando por la primera: solo en el columnismo político aprecié semejante nivel literario y creativo al de la crítica cultural. ¿Que los artistas no saben hablar? Pues mire usted, a mí nunca me interesaron los que cantan bien, sino los que saben lo que cantan. Y respecto a que el gran público no sabe leer, pues los que compran revistas musicales desde luego que sí. Otra cosa es el lector de marca.com que escribe el comentario más abajo de la noticia.

En fin, yo me quedé con aquel epígrafe de la asignatura de redacción periodística que impartía en la Complutense el profesor Martínez Albertos. Y durante década y media ha sido mi especialización. Mi profesión. Siempre seré periodista musical. Aunque escriba de turismo o empresa, siempre seguiré reflexionando sobre las músicas populares. Siempre caminaré por la vida buscando la melodía.

Y claro, siempre me arrepentiré de no haber ido corriendo a comprarme un bajo eléctrico y de no haber intentado pulsarlo como Antonio Arias en El signo de los tiempos. Y de no haberme asomado al Conservatorio. En vez de eso, me entretuve en dar clases de tenis de mesa y en gastar mis ahorrillos en elepés de vinilo. Eso hemos ganado: hoy la música está al alcance de todos, mal que le pese a la industria.

Pasé década y media como periodista musical de un diario andaluz. Y durante nueve años coordiné un magacín musical de ámbito nacional, el de mayor tirada y difusión. Una revista joven, sí, pero sacándole la punta a cada texto, cada recomendación. Siempre con respeto. Sosteniendo la mirada a grandes creadores, brindándole el atril a grandes promesas, indignándome ante el olvido en el que cayeron grandes colecciones de canciones. ¿Un ejemplo? El Soñando en tres colores de La Granja. Porque ese es el fin último: una canción que te transmite azul eléctrica emoción. Algún día darán vida a un libro con la banda sonora de mi vida.