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Nos vamos a querer toda la vida

PESCA DEPORTIVA EN LA
ANDALUCÍA SUMERGIDA

Comizos, carpones, diablos verdes y pintonas. Pargos, corvinas, bailas y robalos. Lo que embiste el capote en aguas sureñas está en mis libros deportivos. Ahí van unas consideraciones sobre la otra pesca.

EL RECREO DEL HOMBRE CONTEMPLATIVO

«A mi padre, que me regaló la pasión por la pesca. Y a mi hijo Juan, con la ilusión de que un día sea un pescador libre y responsable». Tal fue la dedicatoria de mi libro Las rutas de la pesca deportiva en Andalucía (Fundación Lara, 2005). El primero. El libro que siempre quise escribir. Andaba por el mundo cazando nubes, que cantaba Hilario, y mi padre tuvo a bien enseñarme a pescar. Domingos en los canales de Isla Mayor, en el embalse de Torre del Águila. Veranos en la playa de Melicena. Y es que cualquiera puede ser padre, pero sólo un hombre sabe querer y educar a un hijo. Con el tiempo acabé redactando el primer manual sobre la pesca deportiva en Andalucía. Tras los pasos de Izaak Walton, que dejó a la humanidad la gran frase que titula estas líneas.

A VER CÓMO LO DEFINIMOS

La pesca consiste en engañar a un pez, presentar el cebo ante sus ojos de forma natural, poner a prueba su voracidad y capacidad de lucha, superarnos en nuestras técnicas y conocimientos. Dejarse abstraer por el gran azul. Bajo la superficie acuática se esconde un mundo de intrigas y misterios. La presa puede ser cualquier pez. Descorramos las cortinas. Descubramos la Andalucía sumergida. La pesca con caña es un método más de comprensión de que formamos parte de una cadena de seres. Como escribió Walton en 1653, el objetivo final no es más que una aproximación a la naturaleza y alcanzar un cierto equilibrio interior. Pues eso. Walton, además, acertó en otorgar al pescador las virtudes de naturista e idealista, condición que aún mantiene hoy en día. O eso me gusta pensar.

EL PRIMER PESCADOR

¿Quién fue el primer habitante de estas tierras fronterizas que sujetó en sus manos una caña de pescar? ¿Quién lanzó a sus aguas el primer anzuelo tallado en piedra, hueso o madera? La pesca es tan antigua como el hombre, pero no sabemos a ciencia cierta qué andaluz, de qué época, cultura o raza, se enfrentó a los habitantes de ríos y mares con una visión más cercana al ocio y disfrute que a un método de manutención. Aunque lo cierto es que si en el año 1000 de nuestra era ya había en Andalucía docenas de surtidores de agua de colores distintos y olores diversos cuando en el resto del territorio ibérico no sabían lo que era asearse los fines de semana, es lógico pensar que en la Edad Media alguno de nuestros antepasados se batiera en buena lid con criaturas de escamas con pinchos y cordeles, y a fe que no debía ser tarea tediosa. No en vano, aquí en el sur de Europa sitúan los textos eruditos la aparición del anzuelo unos 30.000 años antes de Cristo. Aquí los fenicios comerciaban con pescado salado y seco un milenio antes de que los pueblos del norte de Europa descubrieran las propiedades de la sal para conservar los alimentos. Aquí se construyeron las grandes fábricas de garum del mundo antiguo. Seguro que el rey Argantonio clavó algún esturión en sus 150 años de vida.

PESCADORES MONOCROMOS

En Andalucía, la pesca deportiva –en términos de modernidad– se remonta a poco más de medio siglo. Las letras nos privaron de un Manuscrito de Astorga, relatos medievales de cebos y capturas. En esos siglos, los deportivos eran ociosos miembros de familias aristócratas que se aferraban a sus viejas tradiciones y no pensaban en perfeccionar sus técnicas, mucho menos en divulgarlas. La aparición en el siglo XX de los sedales sintéticos y las cañas de fibra de vidrio acercaron la afición a las clases populares. En los años 50 irrumpieron las primeras sociedades, la sección de pesca recreativa del programa Educación y Descanso. Así descubrimos las primeras postales en blanco y negro, como la que veis más abajo, guardada en los archivos del club sevillano San Rafael: una mobilete resulta ser el perfecto panier.

NO TENEMOS TANTA HAMBRE

He aquí que concebimos la pesca como una actividad sin más intereses que la simple recreación y el deporte. El pez se disfruta pescándolo y se disfruta soltándolo. Hablamos de la pesca sin muerte, también conocida como captura y suelta (del inglés cash and release). Hablamos de una práctica ampliamente extendida en agua dulce y que ya da sus primeros pasos en la salada, especialmente en la competición o en la gran cacea. No es una norma de estricto cumplimiento, sólo una actitud moderna y concienciada que avanza irremisiblemente en modalidades como el blacbás, las truchas a cola de rata o el carpfishing.

«La alegría de la pesca consiste en capturar, no en matar. Uno no pierde cuando no pesca nada; sólo se ha tenido un mal día porque los peces no han querido cooperar”, escribe Robert Hughes, crítico de arte de la revista Time, en su obra Confesiones de un pescador mediocre. Y es que los pescadores deportivos no tenemos tanta hambre.

UN MIURA JALANDO HACIA ATRÁS

El big game: espectáculo supremo. La pesca en su máxima belleza plástica. Una embarcación de doble puente y tangones, la lucha con un grander desde la silla de combate, las cabriolas del pez sobre las olas. Es una estampa singular en aguas del Estrecho, pero el descenso en las poblaciones de atunes rojos y la veda cada vez más estricta dibujan un panorama desalentador. Curiosamente, la pesca del gran atún a curricán se practicó en estas aguas solo en los últimos 90 y el primer lustro del nuevo milenio. Hasta entonces los túnidos gigantes entraban a brumeo y hacia el Mediterráneo. Cada año los barcos del norte cruzaban el paso fronterizo rumbo a las costas baleares y catalanas buscando la albacora y el bonito. El Estrecho les mostraba su cara más inclemente y congestionada. En ocasiones, algún monstruo reventaba las líneas de 50 libras. El empleo de materiales de 130 lb generalizó capturas de ejemplares de 100, 200 y hasta 300 kg. Las embestidas eran frecuentes: varias cada jornada. Hoy en día, las picadas son escasas. Los deportivos, que viven una relación de amor/odio con el canal, sueñan con volver a sentir el miura jalando hacia atrás. Y los chárteres explotarían el filón turístico: trabajo para marineros reciclados. Pero el futuro pinta negro. ¿Culpables? Quizá las redes de deriva y las granjas de engorde. Canallas artes de pesca hieren de muerte las almadrabas, un modelo de pesca sostenible que nos acompañó los últimos tres mil años.

LAS REDES DESPIADADAS

Es el principal enemigo de la pesca deportiva. Del mar. Hablamos de la insaciable pesca comercial, una actividad frontalmente contraria a la explotación racional y sostenible de los recursos marítimos. Los pescadores profesionales someten nuestra costa a un saqueo diario, donde sea y como sea. La Administración Andaluza conoce sus métodos y endurece las normas, coloca localizadores a los buques, arroja arrecifes artificiales para evitar el arrastre en zonas prohibidas, amontona las sanciones. Y ellos a lo suyo. Esquilmando. Evidenciando su escasa cualificación. Multiplicando por tres la potencia que reza en los papeles. Arrastrando en roquedos con los terribles trenes de bolos. Falseando los balances estadísticos.

Mientras tanto, la opinión pública equivoca su veredicto, apoyando una y otra vez la actitud irracional del colectivo. Los inmaduros no tocan la fibra como los incendios forestales. Y es que a los otros trabajadores los vemos en las oficinas y fábricas, pero a estos les perdemos la pista en el mar.

Nota= Mi libro Las rutas de la pesca deportiva en Andalucía aporta ejemplos prácticos de la bufonada de nuestros sufridos lobos de mar.