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Sevilla F. C. | Definitivamente, mi padre tenía razón

BLANCAS UNAS,
ROJAS OTRAS

Escribir e ilustrar una página web es dejarte en evidencia. Airear las posaderas, vaya. Lo que no aparece por aquí es que todavía no he sido capaz de hacerlo. Una novela, un libro de poemas, un guión de ciencia ficción, la biografía de un gran personaje andaluz, un reportaje para la Geographic… En fin, ya caerán, que todo es ponerse. ¿Pero saben qué? Yo nunca escribiré un pregón como el de Antonio García Barbeito en la Gala del Centenario ni lo pronunciaré con docto verso en el Lope de Vega: «Once barras, / blancas unas, / rojas otras. / No lo dudo, / me queda el pecho viudo / si me oculto tu razón, / que más que mi corazón / a mí me late tu escudo». Qué bonito, ío. Pero a este humilde periodista que sevillista nació y morirá sevillista, que tiene al Sevilla Fútbol Club como su único dios verdadero, talmente Eduardo Galeano al fútbol uruguayo, le queda la música, esto es, haber escrito en la revista oficial del Club y, entre otras gozosas tareas, haberme sentado ante Barbeito para rememorar aquella lección gloriosa de sevillismo.

Mi primer recuerdo del Sevilla FC es en el Ramón Sánchez Pizjuán: un Trofeo Ciudad de Sevilla a la verita de mi padre y mi hermano Beto. Esa ha sido mi casa desde entonces, concretamente la terraza de fondo tribuna alta con vistas al edén. Como tantos críos bien educados, mi primer gran proyecto fue la silueta y los pormenores del escudo sevillista. Y perfeccioné la técnica: es lo que pasa cuando uno dibuja algo un millón de veces. Igual que ahora mi hijo Juan. De aquellos años recuerdo que Beto recortaba de ABC, o quizá de la Hoja del Lunes, las crónicas y clasificaciones y las pegaba en un cuaderno. Sólo las del Sevilla, claro. Me pasaba horas estudiando aquella libreta. Es por eso que a mí, gustándome medio qué el fútbol, todos los equipos que no sean el Sevilla FC me importan tres leches, en especial los opulentos. Dios, qué pesadez. A quién no ficharía yo si me quedo con todo el pastel. Me dan igual todos, decía, menos la selección española, por supuesto, y no solo porque ya tenga un campeón del mundo en casa, Jesús Navas, que también. Y es por esa querencia al coleccionismo –lo de la libreta de mi hermano– que acabé grabando en vídeo todos los resúmenes sevillistas de Estudio Estadio. Todos. Desde el 88. Ahora los he pasado a DVD y los he serigrafiado con el escudo (una fijación en mi museo particular de obras de arte). Y es por eso que tengo en el techo de mi despacho los cinco pósteres con los títulos recientes de mi equipo. Así, hasta en la reclusión de esas cuatro paredes, cuando miro hacia arriba veo el cielo. A veces centro la mirada en Antonio Puerta y se me encoge el corazón. Acaba de regalarle un gran trofeo europeo al club de sus amores, a sus correligionarios. Una vida efímera, fugaz, sí, pero intensa, triunfal.

Y he aquí que quiso el destino que una de mis primeras entrevistas, cuando aprendía el oficio de forma altruista en un periódico de Alcalá de Guadaíra, fuera al gran Ramón Vázquez, hoy secretario técnico del Club, que me recibió en el salón de su casa con las mismas muletas que facturó en vuelo a La Coruña. Otro recuerdo: el primer año de noviazgo, allá por el 89, Pilar me regaló por mi cumpleaños una enciclopedia del Sevilla FC cuyos fascículos había estado coleccionando en el quiosco. Ahí me ganó, claro. Ahí evidenció que era una mujer inteligente: no oponerse nunca a las pasiones de su compañero, incluso alentarlas. Al Pizjuán y a pescar, peque, porque sé que sin eso te falta el aire. ¿No es lo que juramos ante un altar sagrado? Siempre te seré fiel y siempre te haré feliz. Por eso yo no le pongo mala cara cuando busca un suelo artesanal en Lora del Río y me pone el zaguán como un arco iris. O por ninguna otra cosa que le haga feliz. Y es que nosotros cumplimos nuestra palabra porque somos personas de honor. Así siento yo el sevillismo. Un honor. Una distinción. Un privilegio. Un galardón que me impusieron al nacer. Ahí lo bordó Monchi, mi ex director deportivo: el mayor título es ser sevillista.

Y miren por dónde, como decía, qué gran fortuna la mía, pues durante varios años asumí la producción de la revista oficial del Sevilla F.C., Football Club, cuyo exdirector, José Miguel Muñoz, satisfizo mi deseo –como si no fuera suficiente la dicha de editar páginas en rojo y blanco– de desposar mi profesión y devoción con frecuentes colaboraciones en forma de entrevistas a exdirectivos, exjugadores y sevillistas ilustres, algunos de ellos ya fallecidos. Asomaos a la parte rojiblanca de mi hemeroteca. Estos días incluso visito el césped del Pizjuán como fotógrafo para la web Number1Sport y el twitter Sevillismo. Y ¡viva el Sevilla!, que es lo más grande del mundo, pasee o no la preciosa bandera de España de su equipación por los estadios de la Champions. Gane uefas o carranzas. Los dioses y la sevillanía le guarden.